Cuando la música instrumental suena... suena alto y llena todos los rincones de mi habitación creo que puedo superar todos los males y todas las lágrimas. Un momento mágico y perfecto en el que tus sentidos se funden con el sonido de la música y no existe nada más, solo existe ese momento... Hacía mucho que no me ponía música instrumental y aspiraba su aroma para poder reconfortar mi alma magullada... Es extraña mi vida...
Ahora estoy llorando y en realidad es algo que necesitaba desde hace tiempo. Ya no me paraba a profundizar, ya no soñaba, no sentía con el alma de princesa. “Nunca te olvides de sentir como una princesa...” me solía repetir a mi misma. Pero siempre se me olvida... ¿has visto? Ya lo había olvidado de nuevo... Esta vez han sido unos tontos comics los que me han hecho reaccionar. Parece estúpido que me haya enganchado de esta manera a esos comics, pero me han hecho soñar y sentir de nuevo...
Me había dejado atrapar tanto por la realidad que me había condenado a mi misma a esta extraña posición de sumisión y letargo... Si no te paras a pensar no sientes, pero si no sientes estás muerto... Por qué la vida no puede transmitir tanta magia como la que me transmiten esos comics...? No lo sé, solo sé que me hacen soñar y sentir por unos instantes, los instantes en los que la fantasía permanece aún danzando por mis pensamientos... Luego de pronto ¡chas! vuelves de golpe a la realidad y sales fuera de ese halo de ensoñación... Pero esos instantes preciados en los que aún danza la fantasía...
Tengo un nudo en la garganta. Siento que me falta el aire, me cuesta respirar. Es una sensación que he sentido tantas veces en mi vida. Ya no me pregunto ¿por qué? o ¿hasta cuando? Sé que esta sensación me acompañará hasta el último de mis días y ya no me molesto en cuestionarla, simplemente es así y está ahí.
Dicen que la vida es un libro que aún está por escribir. Yo creo que algunas páginas ya están escritas, pero como en un comic lo más interesante es estar expectante a ver que ocurre después, y ese es el aliciente de la vida. A veces creo que en mi vida ya no existe ese aliciente, y a veces sí. Supongo que todo va por etapas y por momentos, pero saber eso no quita que en algunas ocasiones mi mente mortal me juegue malas pasadas y me angustie la idea de ver el camino turbio o de que no me guste la realidad que me rodea.
Hay días que no sé como plantearme esta aventura de la vida... Todo es tan ambiguo, todo es tan extraño... Y en noches como esta hago conjeturas sobre mi vida y los pensamientos vuelan en el aire, y las sensaciones me poseen... Todo fluye en un ciclo extraño, a ratos macabro, que se apodera de mí sin poder evitarlo.
Esta noche la Luna no está, al menos no la veo. No es una noche bonita, como podría serlo una noche de verano, pero es mi noche. Es mi noche porque yo la hago mía llenándola de la esencia de lo que me inunda en un momento determinado, dejando transpirar por mi piel todo eso que me oprime el pecho... Y unas palabras en una pantalla no cambian nada, ni de mi vida, ni de lo que siento, ni de cómo deben ser las cosas, pero hacen más ameno el ambiente que flota a mi alrededor. “Acogedor”, sería la palabra. Todo es más acogedor. Es el escenario perfecto para acoger a la melancolía y la nostalgia, como tantas otras veces...
Ahora me veo a mi misma con 22 años, sola en mi habitación, sola en “mi” casa, sola en todos los sentidos. Más independiente de lo que me hubiera planteado nunca para esta edad... Y me veo a mi misma con 16 años, en una noche igual que esta, escribiendo sobre sensaciones parecidas a las de hoy, y por un momento nada ha cambiado. Si no pienso en la verdad, en que estoy sola en esta casa, en que tantas cosas han cambiado... podría ser como en aquella época... Esta noche yo soy aquella chica de 16 años que pasaba sus noches al ordenador, pensando lo emocionante que era en el fondo ser esa luz a las tantas de la mañana mientras todo era oscuridad. Ser esos ojos despiertos en la noche cuando todo el mundo duerme... Pensando en cuántas personas en el mundo estarían viviendo en esos momentos un instante parecido al mío... Me sentía tan especial...
Y por hoy, ahora mismo, me siento especial. Me siento especial al darme cuenta de que por mucho que pase el tiempo hay cosas que nunca cambian, y nunca cambiarán... Aquí estoy después de varios años, animal de costumbres fijas. Esta parte de mí no ha cambiado... Aunque el peso de las piedras en la mochila si que ha hecho mella en mi espalda y me causa unas molestias que me recuerdan que aunque haya cosas que no cambien ya nada es igual... Sea como sea, aquí estoy imaginando mi mundo de nuevo, creando mi propia magia, mi propia sensación, con un guante de red en la mano derecha, y un moño en lo alto de la cabeza... Sintiéndome única e inigualable una vez más. Ni mejor ni peor, única en el mundo. A veces me siento la más afortunada del mundo porque nadie puede sentir lo que estoy sintiendo yo en estos momentos...A veces hubiera dado lo que fuera por poder transmitir lo que siento exactamente a alguien...